El amor entre Cortés y Malinche

La historia de amor de la Malinche y Cortés ¿Mito o Realidad?


Las historias de amor siempre nos han acompañado. Desde la amada esposa en espera de su héroe griego hasta la locura a raíz del fusilamiento del mártir emperador. Otra en particular, la generada entre la «Malinche» y Hernán Cortés durante la Conquista Española.

El «romance» más polémico, trágico y perturbador quisiera ser borrado de nuestra historia. Quién podría concebir a la mujer que traicionó a su país, a sus hermanos, a su gente; por ser la amante de un invasor extranjero.

Pero… ¿en realidad ocurrió de esa forma? ¿Somos «hijos de la chingada», como alguna vez escribió Octavio Paz? Y si fuera así, en realidad ¿existió un amor entre la Malinche y Cortés o ha sido producto de nuestra tendencia a romantizar la vida?

La historia de Doña Marina

Desde el comienzo vamos mal. La historia oficial le ha dado el titulo de Malinche (léase con el tono más despectivo) a una mujer encerrada por las propias circunstancias de su tiempo. Sin siquiera acordarse que se trató de la primera Doña de México.

Doña Marina o Malinalli
Doña Marina. Real Academia de la Historia

Malinalli, llamada así antes de su bautismo, según cuenta Bernal Díaz del Castillo, tuvo un destino funesto desde pequeña. Mismo, que después de más de 500 años, sigue cargando en sus espaldas.

Su titulo de Doña pareció ser algo que tenía destinado desde niña. Sus padres eran gobernantes de varios pueblos, entre ellos uno llamado Painala, cerca del Río Coatzacoalcos en el actual Veracruz. Destinada a ser cacique de su pueblo, recibió una formación especial; pero toddo cambio con la muerte de su padre.

A la postre, su madre se casó con otro cacique, teniendo un hijo varón. Ahora Malinalli, a quién le correspondería el cacicazgo era un estorbo. El padrastro convenció a la mamá de vender a Malinalli a unos mercaderes de Xicalango, y decir que había muerto. Estos comerciantes a su vez, la entregaron como esclava a un pueblo llamado Tabasco.

El encuentro de Malinalli y Hernán Cortés

En el contexto de la tercera expedición española a México, Hernán Cortés y sus tropas avanzaban desde la costa de Yucatán bordeando el Golfo de México. En su camino ganaron la primer batalla importante en su larga travesía contra un pueblo denominado Tabasco; el mismo donde Malinalli permanecía esclavizada.

Si quieres saber más sobre las primeras visitas españolas, revisa: La Primer Expedición Española en México

¿Coincidencia del destino? Derrotados, los pobladores dieron 20 mujeres a los vencedores. Una de ellas, se convertiría en el futuro, en la arma más valiosa de la Conquista Española. Al día siguiente, se bautizaron a las mujeres y así como lo dice Bernal «fueron las primeras cristianas que hubo en la Nueva España».

Marina fue el nombre que recibió aquella mujer «de buen parecer y entremetida y desenvuelta» que destacó entre todas. Por esta misma razón, Cortés se la dio a uno de sus principales capitanes: Alonso Hernández Puerto Carrero.

El arma más importante de la Conquista Española

La relevancia de Marina es sumamente trascendente. No se puede entender a la Conquista sin ella. Fue más que la traductora del náhuatl al maya y posteriormente, traductora directa entre el náhuatl y el castellano. Además, proporcionaba datos sobre los pueblos de la región.

El náhuatl fue su lengua original al hablarse en la región donde creció. Posteriormente, cuando llegó a Tabasco aprendió el maya. Por otro lado, el otro traductor era Gerónimo de Aguilar, un naufragó español que fue rescatado por Cortés y que había aprendido el maya de la región de Yucatán. Así, en los lugares donde se hablaba el náhuatl (que era la mayoría de Mesoamérica); Marina traducía del náhuatl al maya y luego Aguilar, del maya al castellano.

Pero su papel no se reduce a una simple traductora. Al paso del tiempo, Marina aprendió castellano por lo que el papel de Aguilar no era necesario. Sin embargo, Marina tenía en sí misma, el poder de la palabra. La elocuencia y la retorica necesaria para evitar conflictos y pactar alianzas. Una autentica negociante.

Lienzo de Tlaxcala. Doña Marina y Cortés acompañados de indígenas.
Lienzo de Tlaxcala. Doña Marina y Cortés acompañados de indígenas. Mediateca INAH.

Hay que entender que aunque la vía de las armas fue fundamental en la Conquista, la vía diplomática fue aún mayor. Es por ello que resulta sorprendente que poco más de 500 españoles conquistaran un imperio de millones de personas. Tal afirmación tiene poco de verdad y poco de mentira.

Es real que alrededor de medio millar de europeos participaron durante la Conquista, pero también se deben contar los miles de aliados indígenas que se sumaron en su ejército, sin lo cuales nunca pudieron haber vencido a los mexicas. Muchas de estas alianzas, fueron hechas con la voz de Marina.

De una forma acertada lo señala Fernando Benítez, al describir como el talento diplomático de Cortés encontró un valioso auxiliar en Marina, de tal modo que se identificaron como una sola persona: «en la que Cortés fuera el pensamiento y Marina la palabra que le da forma».

El ¿amor? de Marina y Cortés

Una vez finalizada la guerra y derrotado el Imperio Mexica; Cortés decidió trasladarse a Coyoacán, al sur del Lago de Texcoco para fundar su centro de operaciones ante la destruida capital de México-Tenochtitlán.

Tiempo atrás, Cortés había planeado todo para quedarse con la ahora, Doña Marina. Por lo tanto, no es de extrañarse que mandara a su esposo Puerto Carrero a Castilla para rendir informe a los Reyes Españoles.

Realizada la Conquista, pareciera que Cortés y Marina podrían estar juntos por fin. El amor, aquel que no puede desaparecer, aún ni en las peores batallas. Marina había estado siempre a su lado, en las primeras batallas contra los tlaxcaltecas, en la trampa de Cholula, y por supuesto, en la entrada, expulsión y asedió de México-Tenochtitlán.

Incluso, se dice que el plan de asesinar a las tropas españolas en Cholula fue descubierto por Marina, al hablar con una anciana, quién la invitó a irse con ella y casarse con su hijo, pues de lo contrario sería asesinada por las tropas mexicas que esperaban iniciar el combate.

Doña Marina (La malinche) y Hernán Cortés
Doña Marina y Hernán Cortés ante la rendición mexica. Mediateca INAH

En nuestro pensamiento romántico, no pareciera absurdo que el cariño entre ambos brotará como una semilla. No cabe duda que si nosotros no fuéramos los «conquistados», las «victimas», los «hijos de la madre chingada» de este hecho histórico, se nos haría una historia a la altura de los grandes clásicos literarios. La muestra de que el amor prevalece ante todo.

En cambio, siendo un poco más realistas, nace una grieta en esta romántica tragedia. Al respecto, Bernal parafrasea las siguientes palabras dichas por Marina:

(…) «y que Dios la había hecho mucha merced en quitarla de adorar ídolos ahora y ser cristiana, y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y ser casada con un caballero como era su marido Juan Jaramillo; (y) que aunque la hicieran cacica de todas cuantas provincias había en la Nueva España, no lo sería, que en más tenía servir a su marido y a Cortés que cuanto en el mundo hay» (…).

Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Bernal Díaz del Castillo.

Dicho lo anterior, lo cual el propio Bernal escribe que lo sabe muy «certificadamente»; podemos apreciar una parte del pensamiento de Marina. Tener a Cortés como su amo y señor, sabiendo que su única tarea es servirlo en todo lo que se pueda. Y por supuesto también de su (otro) marido, Juan Jaramillo.

Un error un grave es ver con los ojos de hoy al voltear a nuestro pasado. En un contexto donde las mujeres eran vistas más como un objeto que como personas, no sorprendía que las vendieran, intercambiarán o dieran en tributo a otras personas.

Así sucedió con Malinalli, desde niña fue concebida con una idea. Su estatus social no la hacía expensa de casarse con otro cacique por conveniencia para fortalecer sus gobiernos. Y posteriormente, siendo esclava fortaleció el sentido de pertenencia a un amo.

¿Con Cortés fue diferente? Claro que no. Si algo tenía él era su pasión por las mujeres. Cortés veía a Marina como su mejor arma. Él lo sabía más que nadie y por ello siempre la llevaba a su lado. Muy cerca su casa en Coyoacán, construyó otra para que viviera Marina. Incluso, se dice que entre ambas casas, Cortés edificó una capilla para que se pudieran ver.

La ambición y el gusto por las damas son cosas que no se pueden ocultar. Una vez ya instalado en su «palacio» en Coyoacán, Cortés estaba con Doña Marina; Doña Isabel (hija de Moctezuma y esposa de Cuauhtémoc); Doña Francisca, hermana de Coanacoch (gobernante de Texcoco), una india llamada Doña Inés; las españolas Leonor Pizarro y Antonia Hermosillo; y por supuesto con su esposa legitima Catalina Suárez «La Marcaida».

Fernando Benítez, escribe el destino de estas últimas tres españolas. Las dos primeras al regresar a Cuba, nunca más fueron vistas misteriosamente. Y el destino de La Marcaida ya muchos lo sabemos. Se dice que Cortés asesinó a su esposa para poder estar con Marina. Esta historia sirvió para que Cortés fuera enjuiciado en Castilla posteriormente.

Después de la controvertida muerte de su esposa, Cortés tuvo un hijo con Marina, alrededor de 1523 y 1524. ¿Una criatura pareciera el mejor fin de una historia de amor, no? Rápidamente, Cortés arrebató a Martin de su madre y lo envió a España.

La Malinche
La Malinche. Obra de Jesús Enrique Emilio de la Helguera Espinoza.

Marina no pudo hacer nada. Pero eso no fue impedimento, para que tiempo después, acompañara a Cortés en su conquista a las «Hibueras» (Honduras). Este es una de las expediciones posteriores a la Conquista más interesantes. En ella, se asesinó al último emperador mexica, Cuauhtémoc; pero también fue la peor aventura de Cortés.

Marina no puede pasar desapercibida. Durante el viaje, viajó a lo que anteriormente fue su casa, encontrando a su madre y hermanastro. La historia es por demás fascinante. Si quieres conocer la historia, déjalo en los comentarios. Y por último, durante este viaje es que Cortés decide casar a Marina con Juan Jaramillo en Orizaba.

El fin de la historia Marina y Cortés

El viaje a las Hibueras fue el inició del fin para Cortés. Posterior a ella, todo lo que pudo haber soñado se derrumbó. Sus últimos días de vida fueron trágicos, solo y en la bancarrota, lejos del lugar donde quería descansar el resto de sus días.

Por otro lado, de Doña Marina no se sabe mucho. Es una de las grandes injusticias, pues después de la Conquista, para los cronistas desapareció. Tuvo una hija con Juan Jaramillo, pero su muerte es un gran misterio. Teorías como que Cortés la mando matar, que murió de viruela, o que nunca regresó de las Hibueras; lo cierto es que murió antes de 1530.

Así termina la historia de estos dos personajes tan odiados en nuestra historia. «Malinchismo», nacida de la palabra Malinche, es al parecer, la palabra que ha perdurado más. Aquí no nombramos a Marina como «La Malinche» como siempre se le llamado, pues ese titulo no es del todo preciso, y no necesariamente se refiere a Marina. Pero esa es otra historia.

Por último, expresamos nuestra idea del «romantizado» cuento de Cortés y Marina. El amor de nuestros días era completamente diferente al de aquellos tiempos. Por ello, no es preciso decir que ente Marina y Cortés existió un amor verdadero. No podemos hablar por Marina, pero definitivamente, Cortés nunca amó a Marina.

Marina por otro lado, sentía ese sentimiento de arraigo y servicio a su amo. Veía a Cortés como un dueño a quién obedecer por encima de todo; tal vez por ello nunca se negó al arrebato de su hijo. Y tampoco es culpa de Marina, era parte de su contexto. Como lo dijimos al inicio, Marina ha sido y seguirá siendo victima de las circunstancias de su tiempo y de nuestros días.

Por supuesto que Marina nunca traicionó a México, ni mucho menos nos traicionó. Nuestro país ni siquiera existía y si hablamos de traición; Mallinali fue quien la padeció durante toda la vida. Desde su madre hasta el propio Cortés. Indudablemente, Malinche no le debía fidelidad a nadie, más que a su esposo. Y por si fuera poco, si alguien fue conocida por su misericordia y razón, fue Doña Marina. Aquella mujer que «mandaba absolutamente entre los indios en toda la Nueva España».

Basta de verla como una enemiga. De utilizar el malinchismo como termino despectivo. Suficiente sufrió Marina, y otras muchas mujeres, para todavía seguir cargando una piedra gigante en sus hombros.

¿Ya conoces la historia del lomito conquistador? Revisa: «La historia del perro abandonado que ayudó durante la Conquista Española»

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Fuentes: La Ruta de Hernán Cortes – Fernando Benítez. Historia Verdadero de la Conquista de la Nueva España. Bernal Díaz del Castillo.


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